miércoles, 29 de diciembre de 2010

La iMPoRTaNCia De LaS PaLaBRaS.

¿Cuando una palabra tiene mayor sentido? cuando expresa o significa algo ó cuando se dice porque sí, porque la situación lo requiere…  Las cosas no se pueden decir a la “torera”, no siempre se puede decir todo aquello que otra persona quiera escuchar, porque la persona que lo dice quiera conseguir algo, sino que se deben decir cuando expresa un sentimiento, cuando quieres que la persona que escucha sepa lo que sientes, independientemente de la situación que sea.

Por ejemplo, un te quiero no es una palabra sin sentido, ni una palabra que se debe decir porque si, para decir esa palabra se debe sentir…  Es una palabra con mucha fuerza, mas para unas personas que para otras seguramente, pero al fin y al cabo, especial para todo ser humano cuando  realmente expresa aquello que siente.
Voy a contar un pequeño trozo de una película de un perro que habla….  Un perro que se encuentra en un estanque, una tubería que se rompe y está a punto de perder a su familia, él agarrado a  un palo y su dueño a otro…  el perro incapaz de soltarse y su dueño diciéndole que si que es capaz… el perro no cree, pero llega el momento en que la situación se complica y  su amo le dice “Te Quiero”, expresa lo que siente por miedo a perderlo, entonces  el perro muy contento  dice que lleva esperando “eso” desde Cansas, ciudad donde vivían anteriormente… por lo que decide soltarse con confianza, debido a lo expresado por su dueño,  llegando a los brazos de éste.
Como vemos es una historia de una película de perros que hablan, algo poco real, pero en la vida  real hay palabras muy importantes que todos necesitamos decir porque las sentimos pero no nos atrevemos, que el otro ser humano conoce y necesita escuchar; palabras que en momentos importantes ayudan a una persona a avanzar, a tirar hacia delante...
Hay palabras que se las lleva  el viento, pero no aquellas que realmente nos interesan, porque cierto es que cada uno escucha lo que quiere…  pero cuando algo es sincero, cuando algo expresa algo verdadero lo escucha todo el mundo.

Fdo. El corazón

viernes, 24 de diciembre de 2010

¿PaRa Qué SiRVe uNa eSCueLa?

LA HISTORIA DE ESTHER
Esther era una niña “nueva” de la escuela. Llegó a la misma en 3º de primaria, venía de un pueblo de Albacete y por motivos de trabajo de su padre se vinieron a Valencia a vivir. Era una niña tímida, muy blanca de tez y más bien “gordita”.
Cuando Esther entró en el aula pensaba que todos la mirarían como esa niña nueva a la que todos querrían conocer o de la que todos querrían ser amigos, por eso de la novedad. Pero la situación no fue así, los compañeros apenas le hicieron caso, un simple hola bastó para que Esther se diera cuenta de que no era bien recibida. Ningún niño/a se prestó para que se sentase a su lado o compartir libro hasta que ella se pusiera al día; en el recreo nadie hablaba con ella y mucho menos jugar, siempre le decían que estaban justos y así día tras día.
En las clases de Educación Física o Plástica los profesores hacían actividades en grupo para ir integrándola poco a poco, pero aún así no era suficiente, Esther seguía siendo ese “bicho raro” a la que todos llamaban “Vaca lechera”, a la que todos hacían llorar, hasta que un día, una niña de clase tuvo que hacer un trabajo, que había mandado el profesor, con ella y se dio cuenta de que era una niña como otra cualquiera, de que no podían darle de lado por su apariencia y mucho menos por ser “nueva”, que todos tenemos que tener una oportunidad, así que a partir de ahí, decidió sentarse a su lado en clase,  jugar en el recreo con ella, invitarla a los cumpleaños… para así poco a poco ir integrándola con el resto de compañeros.
A partir de aquí los demás niños/as fueron dándose cuenta de que era una niña con la que se podía hacer de todo al igual que con los demás, jugar con ella, divertirse… ahora ¡ya era una más!

FUNCIONES SOCIALES DE LA ESCUELA
La función que pensamos que se desarrolla principalmente es la de adaptar a los individuos al grupo.
Para Esther todo suponía un gran cambio, colegio nuevo, compañeros nuevos, ciudad nueva… todo era nuevo para ella y además muy rápido, no tuvo una fase de aclimatación por así decirlo, sino que llegó un día y se dio cuenta de que ya estaba ahí, de que no eran las mismas caras de siempre, ni las mismas aulas, ni nada era igual.
Pero gracias a los profesores, a la escuela, a los trabajos grupales Esther fue adaptándose a lo nuevo y los demás compañeros integrándola al grupo poco a poco.
LAURA ORTEGA PAREDES
CRISTINA MARTÍNEZ SOLAZ