LA HISTORIA DE ESTHER
Esther era una niña “nueva” de la escuela. Llegó a la misma en 3º de primaria, venía de un pueblo de Albacete y por motivos de trabajo de su padre se vinieron a Valencia a vivir. Era una niña tímida, muy blanca de tez y más bien “gordita”.
Cuando Esther entró en el aula pensaba que todos la mirarían como esa niña nueva a la que todos querrían conocer o de la que todos querrían ser amigos, por eso de la novedad. Pero la situación no fue así, los compañeros apenas le hicieron caso, un simple hola bastó para que Esther se diera cuenta de que no era bien recibida. Ningún niño/a se prestó para que se sentase a su lado o compartir libro hasta que ella se pusiera al día; en el recreo nadie hablaba con ella y mucho menos jugar, siempre le decían que estaban justos y así día tras día.
En las clases de Educación Física o Plástica los profesores hacían actividades en grupo para ir integrándola poco a poco, pero aún así no era suficiente, Esther seguía siendo ese “bicho raro” a la que todos llamaban “Vaca lechera”, a la que todos hacían llorar, hasta que un día, una niña de clase tuvo que hacer un trabajo, que había mandado el profesor, con ella y se dio cuenta de que era una niña como otra cualquiera, de que no podían darle de lado por su apariencia y mucho menos por ser “nueva”, que todos tenemos que tener una oportunidad, así que a partir de ahí, decidió sentarse a su lado en clase, jugar en el recreo con ella, invitarla a los cumpleaños… para así poco a poco ir integrándola con el resto de compañeros.
A partir de aquí los demás niños/as fueron dándose cuenta de que era una niña con la que se podía hacer de todo al igual que con los demás, jugar con ella, divertirse… ahora ¡ya era una más!
FUNCIONES SOCIALES DE LA ESCUELA
La función que pensamos que se desarrolla principalmente es la de adaptar a los individuos al grupo.
Para Esther todo suponía un gran cambio, colegio nuevo, compañeros nuevos, ciudad nueva… todo era nuevo para ella y además muy rápido, no tuvo una fase de aclimatación por así decirlo, sino que llegó un día y se dio cuenta de que ya estaba ahí, de que no eran las mismas caras de siempre, ni las mismas aulas, ni nada era igual.
Pero gracias a los profesores, a la escuela, a los trabajos grupales Esther fue adaptándose a lo nuevo y los demás compañeros integrándola al grupo poco a poco.
LAURA ORTEGA PAREDES
CRISTINA MARTÍNEZ SOLAZ

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